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La respuesta del Señor para el investigador de Dios

La Única Paz de Mente

MEDITACIÓN PARA LA ORACIÓN DE APERTURA

El Ejemplo de Jesús en la enseñanza

 Leeré de Palabras de Vida del Gran Maestro, página 11, comenzando en el segundo párrafo.

  “Otra vez Cristo tenía verdades para presentar, que la gente no estaba preparada para aceptar, ni aun para entender. Por esta razón también él les enseñó en parábolas. Relacionando sus enseñanzas con las escenas de la vida, la experiencia o la naturaleza, cautivaba su atención e impresionaba sus corazones. Más tarde, cuando ellos miraban los objetos que ilustraban sus lecciones, recordaban las palabras del divino Maestro. Para las mentes abiertas al Espíritu Santo, el significado de la enseñanza del Salvador se desarrollaba más y más. Los misterios se aclaraban, y aquello que había sido difícil de entender se tornaba evidente. Jesús buscaba un camino hacia cada corazón. Usando una variedad de ilustraciones, no solamente presentaba la verdad en sus diferentes fases, sino que hablaba al corazón de los distintos oidores … Nadie que escuchara al Salvador podía sentirse descuidado u olvidado. El más humilde, el más pecador, oía en sus enseñanzas una voz que le hablaba con simpatía y ternura”.

   Como el pueblo en los días de Jesús era como el pueblo de hoy, no ansioso de aprender nueva Verdad, El usó la naturaleza para atraer su atención. Los profetas fueron guiados a usar el mismo método. Por lo tanto, nosotros necesitamos orar por un deseo ardiente para conocer la verdad de Dios para hoy. Necesitamos orar para que no nos volvamos arrogantes, y satisfechos con nuestros logros en la Palabra de Dios; que pongamos a un lado todo prejuicio y estemos dispuestos a aprender del “más humilde de los humildes”.

LA RESPUESTA DEL SEÑOR

PARA EL INVESTIGADOR DE DIOS

 

TEXTO DE LA ALOCUCIÓN POR V. T. HOUTEFF
MINISTRO DE LOS DAVIDIANOS ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA
EL SÁBADO, 9 DE AGOSTO DE 1947
CAPILLA DEL MONTE CARMELO
WACO, TEXAS

    Nuestro estudio se encuentra en Ezequiel veinte. Este capítulo contiene una historia profética de la iglesia desde el tiempo de su servidumbre en Egipto hasta el tiempo del sellamiento de los 144.000.

    Ezequiel 20:1-8 – “Aconteció en el año séptimo, en el mes quinto, a los diez días del mes, que vinieron algunos de los ancianos de Israel a consultar a Jehová, y se sentaron delante de mí. Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: ¿A consultarme venís vosotros? Vivo yo, que no os responderé, dice Jehová el Señor. ¿Quieres tú juzgarlos? ¿Los quieres juzgar tú, hijo de hombre? Hazles conocer las abominaciones de sus padres, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: El día que escogí a Israel, y que alcé mi mano para jurar a la descendencia de la casa de Jacob, cuando me di a conocer a ellos en la tierra de Egipto, cuando alcé mi mano y les juré diciendo: Yo soy Jehová vuestro Dios; aquel día que les alcé mi mano, jurando así que los sacaría de la tierra de Egipto a la tierra que les había provisto, que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras; entonces les dije: Cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios. Mas ellos se rebelaron contra mí, y no quisieron obedecerme; no echó de sí cada uno las abominaciones de delante de sus ojos, ni dejaron los ídolos de Egipto; y dije que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto”.

 

    En los escritos de Moisés no encontramos un registro de la fidelidad de los hijos de Israel en la tierra de Egipto. Moisés no dice si ellos eran buenos o malos. Pero aquí a través de Ezequiel se nos dice como eran. Notamos que no todos eran un pueblo temeroso de Dios. Esta escritura aclara que aún cuando Dios los llamó a salir de la tierra de Egipto, la mayoría eran infieles en su devoción hacia Dios.

  Ezequiel 20:9, 10 – “Con todo, a causa de mi nombre, para que no se infamase ante los ojos de las naciones en medio de las cuales estaban, en cuyos ojos fui conocido, actué para sacarlos de la tierra de Egipto. Los saqué de la tierra de Egipto, y los traje al desierto”.

Ahora hemos leído el registro del ejército Hebreo, – de su posición espiritual en la tierra de Egipto, y de la razón de Dios para sacarlos de Egipto. A continuación leeremos el registro que hicieron en el desierto.

  Ezequiel 20:11-13 – “Y les di mis estatutos, y les hice conocer mis decretos, por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá. Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico. Mas se rebeló contra mí la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis estatutos, y desecharon mis decretos, por los cuales el hombre que los cumpliere, vivirá; y mis días de reposo profanaron en gran manera; dije, por tanto, que derramaría sobre ellos mi ira en el desierto para exterminarlos”.

  Aquí vemos que los hechos de los descendientes de Jacob fueron aún menos recomendables en el desierto que lo que fueron en Egipto.

  Ezequiel 20:14-28 – “Pero actué a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había sacado. También yo les alcé mi mano en el desierto, jurando que no los traería a la tierra que les había dado, que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras; porque desecharon mis decretos, y no anduvieron en mis estatutos, y mis días de reposo profanaron, porque tras sus ídolos iba su corazón. Con todo, los perdonó mi ojo, pues no los maté, ni los exterminé en el desierto; antes dije en el desierto a sus hijos: No andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis con sus ídolos. Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis estatutos, y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra; y santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios. Mas los hijos se rebelaron contra mí; no anduvieron en mis estatutos, ni guardaron mis decretos para ponerlos por obra, por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá; profanaron mis días de reposo. Dije entonces que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en el desierto. Mas retraje mi mano a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había sacado. También les alcé yo mi mano en el desierto, jurando que los esparciría entre las naciones, y que los dispersaría por las tierras, porque no pusieron por obra mis decretos, sino que desecharon mis estatutos y profanaron mis días de reposo, y tras los ídolos de sus padres se les fueron los ojos. Por eso yo también les di estatutos que no eran buenos, y decretos por los cuales no podrían vivir. Y los contaminé en sus ofrendas cuando hacían pasar por el fuego a todo primogénito, para desolarlos y hacerles saber que yo soy Jehová. Por tanto, hijo de hombre, habla a la casa de Israel, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: Aun en esto me afrentaron vuestros padres cuando cometieron rebelión contra mí. Porque yo los traje a la tierra sobre la cual había alzado mi mano jurando que había de dársela, y miraron a todo collado alto y a todo árbol frondoso, y allí sacrificaron sus víctimas, y allí presentaron ofrendas que me irritan, allí pusieron también su incienso agradable, y allí derramaron sus libaciones”.

 

  Ellos fueron infieles en Egipto, en el desierto, y en la tierra prometida. Ahora leemos los resultados.

  Ezequiel 20:29-36 – “Y yo les dije: ¿Qué es ese lugar alto adonde vosotros vais? Y fue llamado su nombre Bama hasta el día de hoy. Di, pues, a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: ¿No os contamináis vosotros a la manera de vuestros padres, y fornicáis tras sus abominaciones? Porque ofreciendo vuestras ofrendas, haciendo pasar vuestros hijos por el fuego, os habéis contaminado con todos vuestros ídolos hasta hoy; ¿y he de responderos yo, casa de Israel? Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no os responderé. Y no ha de ser lo que habéis pensado. Porque vosotros decís: Seamos como las naciones, como las demás familias de la tierra, que sirven al palo y a la piedra. Vivo yo, dice Jehová el Señor, que con mano fuerte y brazo extendido, y enojo derramado, he de reinar sobre vosotros; y os sacaré de entre los pueblos, y os reuniré de las tierras en que estáis esparcidos, con mano fuerte y brazo extendido, y enojo derramado; y os traeré al desierto de los pueblos, y allí litigaré con vosotros cara a cara. Como litigué con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así litigaré con vosotros, dice Jehová el Señor”.

  Por un lado vemos las razones de elevar el ejército Hebreo de ser esclavos de Faraón a ser sacerdotes, profetas, y reyes de Dios. Por otro lado vemos su esparcimiento por todas las naciones. Luego miramos las promesas de Dios de juntarlos de todas las naciones en las cuales están esparcidos. Esto prometió El hacer con mano fuerte y brazo extendido.

  Ezequiel 20:37 – “Os haré pasar bajo la vara, y os haré entrar en los vínculos del pacto”.

  En este versículo hay algo envuelto y necesita ser aclarado con la ayuda de otra escritura. Veamos en Levítico.

  “Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová”. Levítico 27:32.

  Para determinar la parte del Señor, el diezmo, los corderos, los cabritos, u ovejas del Señor, fueron hechas pasar bajo la vara. Toda décima era tomada y apartada para el Señor. Entonces la declaración de Ezequiel veinte, versículo treinta y siete, “pasar bajo la vara”, por lo tanto, significa separar a sus elegidos de entre la multitud, de entre las “cizañas”, (Mateo 13:30) o de entre el “pescado malo” (Mateo 13:47, 48). Y así siendo separados, son contados. Así es como los 144.000 (Apocalipsis 7:3-8; 14:1) son una compañía separada y numerada.

  Ahora vemos que Ezequiel veinte contiene una historia profética desde el tiempo de su peregrinación en Egipto hasta el sellamiento de los 144.000, y la reunión del pueblo.

  Cuando Dios haga que su pueblo pase así bajo la vara, El los traerá entonces al vínculo “del pacto que concertó con Abraham, y de su juramento a Isaac; el cual confirmó a Jacob por estatuto, y a Israel por pacto sempiterno, Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán, porción de tu heredad”. 1ª Crónicas 16:16-18.

  Las promesas que ellos fracasaron en realizar, el Señor reafirma que El permitirá que el pueblo las tenga.

  Ezequiel 20:38 – “Y apartaré de entre vosotros a los rebeldes, y a los que se rebelaron contra mí; de la tierra de sus peregrinaciones los sacaré, mas a la tierra de Israel no entrarán; y sabréis que yo soy Jehová”.

  Aquí se nos dice claramente que sólo a los elegidos traerá El a “los vínculos del pacto”. A ellos solamente traerá El a la tierra de Israel. Los pecadores (cizañas, pescado malo, o cabritos) que están ahora entre el pueblo de Dios serán quitados y no serán más.

  “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Mateo 13:47-50. La separación, el Juicio de los Vivos, notamos, trae el fin del mundo.

  Ezequiel 20:39 – “Y a vosotros, oh casa de Israel, así ha dicho Jehová el Señor: Andad cada uno tras sus ídolos, y servidles, si es que a mí no me obedecéis; pero no profanéis más mi santo nombre con vuestras ofrendas y con vuestros ídolos”.

  Dios ha hecho clara su “obra de limpieza” que El está por hacer, por ambos por los penitentes y por los impenitentes. Ahora está en ellos el decidir si servirle a El o servir a sus ídolos – ahora ellos no están haciendo su decisión ignorantemente. Si ellos desean perecer ellos pueden continuar sirviendo a sus ídolos.

  Ezequiel 20:40, 41 – “Pero en mi santo monte, en el alto monte de Israel, dice Jehová el Señor, allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la tierra; allí los aceptaré, y allí demandaré vuestras ofrendas, y las primicias de vuestros dones, con todas vuestras cosas consagradas. Como incienso agradable os aceptaré, cuando os haya sacado de entre los pueblos, y os haya congregado de entre las tierras en que estáis esparcidos; y seré santificado en vosotros a los ojos de las naciones”.

  Todas estas cosas, vemos, toman lugar a la vista de los paganos.

  Ezequiel 20:42-44 – “Y sabréis que yo soy Jehová, cuando os haya traído a la tierra de Israel, la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a vuestros padres. Y allí os acordaréis de vuestros caminos, y de todos vuestros hechos en que os contaminasteis; y os aborreceréis a vosotros mismos a causa de todos vuestros pecados que cometisteis. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando haga con vosotros por amor de mi nombre, no según vuestros caminos malos ni según vuestras perversas obras, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor”.

 Dios hace estas cosas por su pueblo, no porque ellos las merecen, sino por causa de su nombre, porque su promesa no puede fallar. El Reino de Dios, no comienza en el cielo, sino en la tierra. Y el reino no se compone de fantasmas, sino de seres humanos vivos, de santos, ni un pecador entre ellos.

  Si, el Edén que fue perdido va a ser restaurado. De hecho la palabra claramente declara que Elías debe venir primero y restaurará todas las cosas (Marcos 9:12). Como el Edén era un hogar real ocupado por seres humanos reales así será otra vez.

  Los versículos restantes de Ezequiel veinte se refieren a otra parábola. Pero como el tiempo no nos permitirá entrar en ella, traeremos nuestro estudio a su fin. Aunque, primero, nótese que los versículos restantes del capítulo, y también el capítulo 21, teniendo esta luz vienen a ser evidentes, ustedes pueden estudiarlos en su propio tiempo. Aunque voy a tocar ahora el versículo 27 del capítulo 21.

  Ezequiel 21:27 – “A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho,y yo se lo entregare"

 

  En estos capítulos se presentan ambas, la casa de Israel y la casa de Judá. En este versículo Dios declara claramente que El va a hacer tres trastornos, y que después de eso el Reino no va a ser más hasta “que venga aquel cuyo es el derecho”; esto es, después de los tres trastornos, El “cuyo es el derecho”, vendrá y el Reino será restaurado.

  El primer trastorno tomó lugar cuando Asiria trastornó la casa de Israel, el reino de las diez tribus, el segundo trastorno tomó lugar cuando el rey de Babilonia trastorno la casa de Judá, el reino de las dos tribus; y el tercer trastorno tomó lugar cuando Tito en el año 70 d.C. destruyó a Jerusalén. Así vemos que nosotros estamos viviendo en el período después del tercer trastorno, el período en el cual “El cuyo es el derecho”, vendrá y establecerá su Reino.

 Por el mismo hecho que la Inspiración ha revelado ahora estas profecías, y las ha traído a la atención de la iglesia, nos lleva a saber con certeza que el tiempo para la restauración del Reino está a la mano; que estamos ahora en el tiempo del sellamiento de los 144.000; y que si nosotros somos fieles estaremos entre ellos, y estaremos con el Cordero en el Monte de Sión.

  Esto, Hermano, Hermana, es la respuesta del Señor para usted.

  Su deber ahora es aceptar si usted desea la vida eterna. No permita que el enemigo de la Verdad le traiga dudas a su mente, y no permita que nadie le saque de esta Verdad porque el Diablo no se quedará ocioso. El hará todo para vencerle. Verifique una y otra vez y vea que la Biblia enseña esta Verdad para que usted pueda afirmarse en lo que cree. Usted no pude rendirse en esta última parte del día.

 

 “El Señor aborrece la indiferencia y la deslealtad en tiempo de crisis para su obra. Todo el universo contempla con interés indecible las escenas finales de la gran controversia entre el bien y el mal. Los hijos de Dios se están acercando a las fronteras del mundo eterno; ¿qué podría resultar de más importancia para ellos que el ser leales al Dios del cielo? A través de los siglos, Dios ha tenido héroes morales; y los tiene ahora en aquellos que, como José, Elías y Daniel, no se avergüenzan de ser conocidos como parte de su pueblo. La bendición especial de Dios acompaña las labores de los hombres de acción que no se dejan desviar de la línea recta ni del deber, sino que con energía divina preguntan: ‘¿Quién es de Jehová?’ (Exo. 32: 26.) Son hombres que no se conforman con hacer la pregunta, sino que piden a quienes decidan identificarse con el pueblo de Dios que se adelanten y revelen inequívocamente su fidelidad al Rey de reyes y Señor de señores. Tales hombres subordinan su voluntad y sus planes a la ley de Dios. Por amor hacia él, no consideran preciosa su vida. Su obra consiste en recibir la luz de la Palabra y dejarla resplandecer sobre el mundo en rayos claros y constantes. Su lema es ser fieles a Dios”.

Profetas y Reyes, p. 108.

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