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El éxodo de hoy

La Única Paz de Mente

EL ÉXODO DE HOY 

 

TEXTO DE LA ALOCUCIÓN POR V. T. HOUTEFF

MINISTRO DE LOS DAVIDIANOS ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA

EL SÁBADO, 23 DE NOVIEMBRE DE 1946

CAPILLA DEL MONTE CARMELO

WACO, TEXAS 

    Esta tarde estudiaremos Zacarías 8. La primera cosa que necesitamos saber en el estudio de este capítulo es si sus promesas son hechas al pueblo del tiempo de Zacarías o al pueblo de nuestro tiempo. Para saber esto nos es necesario leer algunos versículos esparcidos. Comencemos con los versículos siete y ocho. 

    Zacarías 8:7, 8 – “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí, yo salvo mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra adonde se pone el sol; y los traeré, y habitarán en medio de Jerusalén; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios con verdad y en justicia”. 

    En estos versículos vemos que Dios promete salvar a su pueblo no de la tierra de Babilonia antigua, donde Zacarías estaba entonces, sino del este y del oeste, y traerlo a Jerusalén. Ellos han de ser su pueblo no en virtud de su abolengo o cualquier otra cosa, sino en verdad y justicia. Ahora, desde que las promesas en estos versículos no encontraron su cumplimiento en los días de Zacarías, ni en ningún tiempo después de éste, queda por creer que su cumplimiento debe tener lugar alguna vez en el futuro. Leamos - 

    Zacarías 8:13 – “Y sucederá que como fuisteis maldición entre las naciones, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición. No temáis, más esfuércense vuestras manos”.

    Además de prometer salvar a Su pueblo del este y del oeste, el Señor promete también salvar la casa de Judá y la casa de Israel - los dos antiguos reinos esparcidos. Ustedes saben bien que el reino de las diez tribus constituía a Israel. Y desde que estos dos reinos nunca han sido unidos y traídos a Jerusalén hay una sola conclusión lógica que alcanzar: Que las promesas en este capítulo han de ser cumplidas en el tiempo en que sea “congregado el pueblo” de los cuatro cabos de la tierra. Con este tremendo propósito y obra en vista, el Señor espera que nuestras manos sean “fortalecidas”. Leamos enseguida - 

    Zacarías 8:20-22 – “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún vendrán pueblos, y habitantes de muchas ciudades: y vendrán los habitantes de la una a otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová de los ejércitos. Yo también iré. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová”. 

    Desde que nosotros sabemos que ninguna nación aparte de la nación Judía en los tiempos del profeta Zacarías ha venido a buscar al Señor y a adorar delante de El en Jerusalén, así es que no queda otra alternativa que la de admitir que la profecía de Zacarías ocho pertenece al pueblo en el tiempo de la siega final, en el tiempo de la recolección. 

Habiendo terminado el análisis del tiempo en que este capítulo tiene su cumplimiento, estoy seguro de que podemos ahora estudiar la profecía en sí misma con mucho más grande interés que si lo hubiéramos hecho de otra manera. Comenzaremos con

    Zacarías 8:1-3 – “Vino a mí la palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Sion con gran celo, y con gran ira la celé. Así ha dicho Jehová: Yo he restaurado a Sion y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad”.                                                    

    Cosas maravillosas se han dicho acerca de Sion y Jerusalén. En un tiempo el Señor abandonó la ciudad y dispersó a su pueblo. Pero al tiempo en que estas Escrituras están siendo reveladas, El está por volver y juntar a Sus elegidos y traerlos a Sion y a Jerusalén. Cuando esta obra tan grande tenga su veracidad, Jerusalén será llamada “ciudad de verdad, … el Monte Santo” – un pueblo bien versado en la completa verdad de Dios y sin un pecador en medio de ellos. Esta gran maravilla evidentemente toma lugar durante el Juicio para los Vivientes, los justos son llevados allí mientras los impíos se están atando en manojos, por así decirlo, para destruirse. Y mientras que el Señor mora en Sion, Su verdad saldrá de Sion y de Jerusalén. Entonces es cuando “muchos pueblos y naciones fuertes vendrán para buscar al Señor de los ejércitos en Jerusalén, y para orar delante del Señor”. Ahora es nuestra mayor oportunidad para trabajar y orar “Venga tu Reino, Sea hecha tu voluntad en la tierra así como es hecha en los cielos”. 

    Zacarías 8:4, 5 – “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas, que jugarán en las ellas”. 

 

     Jerusalén será una ciudad de gozo. Allí no habrá temor de ningún accidente, aún los niños estarán seguros jugando en las calles. No habrá allí “caras alargadas”, y ningunas muestras de preocupación. Será así para jóvenes y viejos. 

Zacarías 8:6 – “Así dice Jehová de los ejércitos: Si esto parecerá maravilloso a los ojos del remanente de este pueblo en aquellos días, ¿también será maravilloso delante de mis ojos? dice Jehová de los ejércitos”. 

Solamente porque el cumplimiento de esta profecía pueda parecer demasiado maravilloso o imposible, ¿debe por eso parecer o resultar imposible para el Señor, también? Claro que no. 

    Zacarías 8:7, 8 – “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí, yo salvo mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra donde se pone el sol; y los traeré, y habitarán en medio de Jerusalén; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios en verdad y en justicia”. 

     Zacarías predice la congregación de los santos que son recogidos de entre todas las naciones y traídos a la iglesia de Dios, purificada y llena de Verdad, al Reino, (exactamente como lo enseña la parábola de la siega, donde sólo el trigo ha de ser puesto en el granero, iglesia). Allí en el “Monte Santo del Señor” no habrá mezcla de santos y pecadores. 

     Zacarías 8:9 – “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Esfuércense vuestras manos, de vosotros los que oís en estos días estas palabras de la boca de los profetas, desde el día que se echó el cimiento a la casa de Jehová de los ejércitos, para edificar el templo”. 

Aquí el consejo de Dios es que fortifiquemos nuestras manos y seamos estables.

 

    Nosotros también debemos oír las palabras de los profetas que y aunque no estamos edificando el templo como lo hacían ellos, con todo es la única forma en la cual la obra puede prosperar. No nos conviene cerrar nuestros oídos a lo que dicen los profetas, ni permanecer en una actitud descuidada e indiferente.              

    Zacarías 8:10-12 – “Que antes de estos días no ha habido paga de hombre, ni paga de bestia, ni hubo paz alguna para el que salía ni para el que entraba, a causa del enemigo: y yo dejé todos los hombres, cada cual contra su compañero. Más ahora lo haré con el remanente de este pueblo como en aquellos días pasados, dice Jehová de los ejércitos. Porque habrá simiente de paz; la vid dará su fruto, y dará su producto la tierra, y los cielos darán su rocío; y haré que el remanente de este pueblo posea todo esto”. 

    Cuán agradecidos y gozosos debemos estar que los días de nuestra aflicción están casi terminadas, que si ahora oímos a Sus profetas, y nos disponemos para trabajar, el Señor nos asegura paz y prosperidad. Esto puede pronto ser nuestro si, sin variar, nos aferramos a la Verdad, y de esta manera al Señor. 

     Zacarías 8:13 – “Y sucederá que como fuisteis maldición entre las naciones, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré, y seréis bendición. No temáis más esfuércense vuestras manos”. 

    Aunque hemos sido grandes pecadores y una maldición en alto grado entre las naciones, con todo, mucho mayor serán nuestras bendiciones si nos permitimos que El no las diera. Nuestras manos deben ser fuertes para apresurar ese feliz día. 

 

     Zacarías 8:14, 15 – “Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Como pensé haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice Jehová de los ejércitos, y no me arrepentí; así al contrario he pensado hacer bien a Jerusalén y la casa de Judá en estos días: no temáis”. 

Una y otra vez se nos asegura que así como su pueblo ha sido castigado en gran manera, así de grande será su gozo y consuelo ahora en el tiempo de restablecer. 

    Zacarías 8:16 – “Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas”. 

A cada uno de nosotros se nos amonesta enseñar la Verdad a su prójimo, hacer lo que viene a la mano. Hemos de ejecutar juicio de verdad en lugar de malgastar aliento y tiempo hablando de los pecados de otros. De otro modo hallaremos la grande “viga” en nuestros propios ojos. Como amonesta la escritura, hablemos la Verdad, ejecutemos juicio y paz en las casas nuestras y en nuestro medio. Nunca nos ocupemos de los asuntos de otras personas. Mejor será que hagamos todo lo posible por atender los asuntos nuestros. 

   Zacarías 8:17 – “Ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová”. 

   De todas estas cosas que los Cristianos necesitan saber la más urgente es: Que deben ser muy honestos consigo mismos y con los demás, deben hablar siempre la verdad, y que cesen de pensar mal en contra de los otros. Cuando repitáis lo que habéis oído decir, recordad que podéis estar diciendo falso, en todo o en parte. Esto no le conviene hacer, porque de “ninguna manera entrará [en la ciudad] ninguna cosa … que hace mentira”. Apocalipsis 21:27. El hablar mal y el formar malos juicios o conjeturas son cosas que el Señor aborrece. 

     Zacarías 8:18, 19 – “Vino a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y paz”. 

Estos ayunos antiguos y típicos se tornarán en fiestas de gozo y alegría. 

    Zacarías 8:22 – “Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová”. 

   Es interesante concebir la expansión de la Verdad de Dios como está escrita en este capítulo: Primero un individuo comunica la Verdad a otro individuo. Entonces una ciudad la comunica a otra ciudad. Finalmente una nación poderosa invita a otra nación a que se unan al Señor. Y así continuará la siega hasta que la obra del evangelio sea terminada, hasta que el pueblo fiel de Dios esté a la mano derecha del Señor (en el Reino), y los hipócritas juntamente con los infieles o paganos estén a Su mano izquierda (en el mundo condenado de los Gentiles listo para perecer). 

    Zacarías 8:23 – “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros”. 

   

     Es lógica la conclusión de que los diez hombres que se tomarán de todas las lenguas de las naciones en el tiempo que tiene lugar esta gran recolección, son figurativos de un grupo de pueblo (la iglesia liberada de la cizaña en el tiempo de la cosecha), así como las diez vírgenes (Mateo 25:1) son simbólicas de la iglesia mientras la cizaña todavía está mezclada con el trigo. Los diez siervos (Lucas 19:13), y los diez cuernos (Apocalipsis12:3; 17:3), son números de universalidad. Estos diez hombres hablarán todas las lenguas como lo hicieron los apóstoles en el día del pentecostés. 

    Es claro que el “Judío” de cuya falda tira el pueblo debe ser uno por cuyo medio el Señor está trabajando para revelarse a Sí Mismo y a Su Verdad al pueblo. Naturalmente, habiendo descubierto este hecho, ellos dirán “Nosotros iremos contigo; porque hemos oído que Dios está contigo”. Este cierto Judío, por supuesto, no puede ser de los Judíos identificados actualmente. Más bien, él debe ser descendiente de los Judíos Cristianos, - tal vez de aquellos que en la edad apostólica perdieron su identidad al llamarse Cristianos (Hechos 11:26). O también pueden ser descendientes de cualquiera de los Judíos que fueron desterrados de su patria, y esparcidos entre las naciones, y asimilados con ellas, y luego converso al Cristianismo. 

    “Y acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón á los pueblos, será buscada de las gentes; y su holganza será gloria. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová tornará á poner otra vez su mano para poseer las reliquias de su pueblo que fueron dejadas de Assur, y de Egipto, y de Parthia, y de Etiopía, y de Persia, y de Caldea, y de Amath, y de las Islas de la mar. Y levantará pendón á las gentes, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro cantones de la tierra.... Y habrá camino para las reliquias de su pueblo, las que quedaron de Assur, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto”. Isaías 11:10-12, 16.

    De esta manera será la recolección de la gente en el éxodo final para hoy. Con esto termina el capítulo ocho de Zacarías, y ahora hagamos un resumen que determine lo que hemos aprendido en esta profecía:           

    Lo primero y más importante de todo es, que nosotros sabemos que estas profecías tienen que ser cumplidas en nuestros días, y que muy pronto cosas maravillosas han de acontecer; que en un tiempo el Señor se vio obligado a abandonar a Jerusalén y esparcir a Su pueblo por todo el mundo. Pero ahora el Señor ha de volver y juntar a Sus elegidos de los cuatro cabos de la tierra, y luego Jerusalén será llamada ciudad de verdad y de gozo - no habrá allí accidentes, temores ni tristeza; que el pueblo de Dios gozará paz y prosperidad; que todos deben hablar bien de todos; no más perderán el tiempo ni su aliento en hablar de las faltas de otros. Nunca se ocuparán de los asuntos de los demás. Se dedicarán a sus propios negocios, y ejecutarán juicio y paz en sus casas. La Verdad de Dios se extenderá rápidamente; primero un individuo hablará la Verdad a otro; entonces una ciudad la comunicará a otra ciudad; finalmente una nación fuerte invita a otra nación para unirse al Señor. 

    Estoy de acuerdo con ustedes en que estas promesas parecen increíbles y aún parecen algo como fantásticas. Pero entre más parezcan serlo, más brillante será el cumplimiento en perspectiva, porque Dios no hace cosas que parecen posibles para el hombre, sino hace cosas que al hombre parecen completamente imposibles. Piensen en la obra maravillosa de Dios en el Movimiento del Éxodo mientras que El los sacaba del Egipto, cuando ellos cruzaban el Mar Rojo, cuando cruzaron el desierto, y el Jordán. El hizo llover maná del cielo y lo siguió haciendo por cuarenta años. ¡Visualicen, si pueden,

a los esclavos de Faraón llegando a ser profetas, sacerdotes y reyes! Piensen en los tres hebreos que estaban confortablemente en medio del horno de fuego ardiente; en Daniel en el foso de los leones; en la victoria de Mardoqueo sobre Haman; en la victoria de David sobre el gigante; en José alimentando al mundo; en Moisés sobreviviendo en el Nilo; en Sansón derribando las columnas del templo con sus manos solamente. Son incontables las maravillas que el Dios Todopoderoso ha obrado con Su mano a través de todas las edades. Todos estos libramientos y muchos otros eran imposibles para el hombre, pero muy posibles para Dios. Estos poderosos milagros nos ponen cara a cara con el hecho de que Dios está en los asuntos de hacer “posibles” los “imposibles”. Por esto, “fortaleced vuestras manos, vosotros los que en estos días escucháis estas palabras” del Señor.

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