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El Reavivamiento y la Reforma

La Única Paz de Mente

[cover]

MEDITACIÓN PARA LA ORACIÓN DE APERTURA 

Daré lectura en el libro El Discurso Maestro de Jesucristo, los párrafos uno y dos de la página 95 y el párrafo uno de la página 96 enseguida tendremos unos momentos de oración. 

D.M.J., p. 95 - “Al orar, Danos hoy nuestro pan cotidiano, pedimos para los demás tanto como para nosotros mismos. Reconocemos que lo que Dios nos da no es para nosotros solos … El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra en bendiciones, en bendiciones también segará … Al enseñarnos a pedir cada día lo que necesitamos, - tanto bendiciones temporales como espirituales, - Dios desea llenar un propósito para beneficio nuestro”. 

La experiencia de la institución es una buena ilustración del hecho de que los que bendicen a otros, serán bendecidos también. Vosotros sabéis que esta Institución comenzó a construirse en 1935, precisamente en el tiempo de la depresión. Y su obra principió con nada más que una revelación del Señor. Bajo todos respectos su comienzo era el más pequeño de los pequeños y el más pobre de los pobres y mientras que incontables individuos y organizaciones de negocios se pusieron en quiebra y fueron reducidos a la pobreza, esta Institución creció y prosperó. Fue bendecida de esta manera porque en lugar de acumular sus beneficios, los compartió liberalmente. Y si esta Institución pudo ser lo que es por practicar tal principio desinteresado, aún en el tiempo de la depresión, de la misma manera los individuos pueden cosechar semejantes bendiciones si observan la misma regla. 

De acuerdo con esto debemos orar porque nos sea concedida la comprensión de lo que significa decir, “Danos hoy nuestro pan cotidiano”, y saber que el egoísmo conduce a la pobreza y que la buena mayordomía y la liberalidad conducen a la abundancia; que como Cristianos sepamos positivamente que tomar el nombre de Cristo significa hacer lo que Cristo hacía - bendecir la humanidad, que el mundo sepa que estamos aquí para hacerlo bien, no para ser una carga para ello.

EL REAVIVAMIENTO Y LA REFORMA 

 

TEXTO DE LA ALOCUCIÓN POR V. T. HOUTEFF

MINISTRO DE LOS DAVIDIANOS ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA

EL SÁBADO, 2 DE NOVIEMBRE DE 1946

CAPILLA DEL MONTE CARMELO

WACO, TEXAS 

Empecemos nuestro estudio esta tarde donde lo dejamos en el previo estudio de las profecías de Hageo y Zacarías. Volvamos a 

Hageo 2:1-3 – “En el mes séptimo, a los veintiuno del mes, vino palabra de Jehová por mano del profeta Hageo, diciendo: Habla ahora a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, y al resto del pueblo, diciendo: ¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y como la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos?” 

Como fue en los días de la edificación del tipo del templo, así debe ser en los días del antitipo, en nuestros días. Podemos ver en esto que así como la Palabra de Dios fue dirigida a los gobernadores, al pontífice, y al pueblo en general, así la Palabra de Dios ahora tiene que ser declarada a todo el pueblo, sin distinción de rango o condición en la vida. 

La Palabra de Dios a todo el pueblo en los días de Zacarías y de Hageo, fue que los edificadores consideraran el gran dolor de sus corazones que la gloria del templo que edificaban fue en sus ojos como nada en comparación con la gloria del

templo de Salomón. 

Hageo 2:4, 5 – “Pues ahora Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo de toda la tierra, dice Jehová, y trabajad: porque Yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos. Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi espíritu estará en medio de vosotros: no temáis”. 

El Señor aseguró a su pueblo que el amor que El les tenía no se había reducido, y que Su poder para librar y ayudar fue todavía lo mismo como cuando sacó a sus padres fuera de Egipto; como El no había fallado a Su pueblo en aquellos tiempos, El no había de fallarles a ellos tampoco, y que Su espíritu todavía estaba con ellos. 

Hageo 2:6-8 – “Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío el oro, dice Jehová de los ejércitos”. 

Que en estos versículos la profecía todavía ha de cumplirse, es muy obvio, pues en el día en que este templo se edifique, Dios ha de sacudir los cielos, la tierra, y las naciones; que su esperanza entonces ha de llegar y que el templo ha de henchirse con gloria; que los edificadores no han de preocuparse de dinero. 

Sí, es verdad que los hombres controlan y usan el oro y la plata, pero no podemos olvidar que todo esto pertenece a Dios, y que si El lo necesita, El tiene la capacidad de conseguirlo y hacer lo que quiera con ello, que los edificadores no

necesitaban preocuparse de escasez si ellos lo usaran como Dios desea. Puesto que queda claro que el antiguo templo fue típico de un templo para edificarse en el día que Dios sacude los cielos, la tierra y las naciones, el tema llega a ser absolutamente claro que la Inspiración aquí se refiere a un templo antitípico.

Hageo 2:9 – “La gloria postrera de esta casa postrera será mayor que la  primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos”. 

La promesa es que la gloria que revistió el templo de Salomón, será superada en mucho por el templo antitípico que ha de construirse por la iglesia purificada, la iglesia durante el tiempo de la cosecha, el tiempo en el cual Dios sacude el cielo, la tierra y las naciones –durante el día de Jehová grande y terrible. 

Desde que todavía estas promesas no fueron cumplidas en el día del templo de Zorobabel, el asunto está claro como el cristal: han de cumplirse ahora, y puesto que las verdades para estos últimos días son ahora reveladas a nosotros, tenemos que ser los edificadores de ello, la gloria de la cual ha de exceder toda la gloria de lo pasado. Más aun, el lugar donde este templo Antitípico ha de ubicarse ha de tener la paz, y la forma en que se logra completamente esa paz se nos dice en - 

Hageo 2:21, 22 – “Habla a Zorobabel, gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra; y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones; y trastornaré los carros, y los que en ellos suben; y vendrán

abajo los caballos, y sus jinetes, cada cual por la espada de su hermano”. 

Vemos otra vez que el día que el Señor haga temblar los cielos y la tierra, El destruirá los reinos de la tierra permitiendo que se maten el uno al otro. No es de sorprenderse pues que las naciones están ahora ocupadas en una variedad de armamentos y el mundo entero está al borde de caer en el más sangriento conflicto jamás conocido. Será difícil para cualquiera venir a la conclusión sino que el día Grande y Terrible del Señor, está a la mano. 

Puesto que Zorobabel es un “sello” un tipo o un símbolo de los edificadores en el día que el Señor haga temblar los cielos y la tierra, entonces la descripción que Ezequiel hace del templo místico (capítulos 40-47) que todavía ha de edificarse podría ser el modelo del templo antitípico de Zorobabel. 

“Pero”, preguntaréis vosotros, “¿no es esta idea contraria a nuestras antiguas creencias?” Admito que lo es. Pero ¿Seguiremos con lo que hemos creído, o con lo que la palabra de Dios dice? ¿Y para cuál propósito son estas profecías si no para que les prestemos atención? Y ¿Por qué son reveladas ahora y traídas a nuestra atención si esto no es el tiempo en el cual Dios ha de manifestar Su poder y lograr todas estas cosas? Debe recordarse que no somos los primeros o únicos pueblos que han tenido que cambiar su manera de pensar; nosotros no somos los primeros en descubrir que los planes de Dios son opuestos a nuestros planes. Moisés encontró que su plan para libertar a los hijos de Israel de la esclavitud de los Egipcios, no era el plan de Dios. También el plan de Dios para la ruta que habían de tomar en su viaje a la tierra prometida no fue el plan de ellos. Los apóstoles positivamente creyeron que Cristo había de establecer Su reino a Su primer advenimiento, pero ellos,

también se vieron obligados a cambiar su creencia. Más aún, puesto que los hebreos, esclavos de los cuales, Dios había hecho reyes, tenían la promesa que su reino había de quedar para siempre, se vieron muy atónitos cuando fue derribado. Y han habido todas clases de sorpresas desde el amanecer de la historia. 

Los pioneros de la denominación Adventista del Séptimo Día esperaban que el Señor vendría tan pronto como 144.000 conversos se unieran a la iglesia, y esperaban vivir para verlo venir. La membresía de la iglesia, sin embargo, ya cuenta varias veces el número 144.000, los pioneros son muertos, y el Señor todavía no ha venido. Por eso la cuestión no es si queremos cambiar nuestra forma de pensar o no, si no es obligatorio hacerlo. 

Años atrás se nos dijo: “Los obreros se sorprenderán de la sencillez de los procedimientos que El usará para perfeccionar y cumplir su obra de justicia. Los que son tenidos por obreros fieles necesitan acercarse más a Dios, porque ellos necesitan recibir el toque divino”. Testimonios para los Ministros, página 300. 

Por supuesto, mientras que la Inspiración desenvuelve el Rollo, es de esperar que nos hallará sorprendentemente ignorante de muchas cosas — la misma razón por la cual se lo revela. Si, por lo tanto, fallamos en cambiar nuestras ideas para las del Señor, entonces ¿Qué esperanza hay de que seamos nosotros iluminados y hechos idóneos para la eternidad? Nuestras propias ideas han de caer de plano y las profecías del Señor han de ser “levantadas en lo alto”. Nuestro deber es probar la Palabra de Dios es correcta en lugar de aferrarnos tenazmente a nuestras preconcepciones y errores hasta que Dios mismo se levante ante nosotros para ponernos en vergüenza. 

Como Adventistas del Séptimo Día nos jactábamos una vez de que “sabíamos bien nuestra Biblia”. Pero desde que este grupo dejara de jactarse,

descubrió que sabía muy poco en comparación con lo que sabe ahora, y todavía yo no puedo decir que tengo suficiente conocimiento de la Biblia para llevarme directo por las puertas de perlas. De hecho, sé que tengo mucho más que aprender. 

Hageo 2:10-13 – “A veinticuatro del noveno mes, en el segundo año de Darío, fue palabra de Jehová por mano del profeta Hageo, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca de la ley, diciendo: ¿Si llevare alguno carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: No. Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será”. 

 Si alguno que tiene los santos oráculos de Dios y toca alguna cosa común, aquella cosa aún permanece común y no idóneo para traer a Dios; pero si alguno que ha sido contaminado toca alguna cosa santa, aquella cosa se hace inmunda, impropia para ser ofrecida en el sacrificio al Señor. Esto es, el hombre santificado no debe traer una cosa inmunda al Señor, y el hombre no santificado no debe traer aun cosas limpias a El. 

Hageo 2:15-17 – “Ahora, pues, meditad en vuestro corazón desde este día en adelante, antes que pongan piedra sobre piedra en el templo de Jehová, Antes que sucediesen estas cosas, venían al montón de veinte efas, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros, y había veinte. Os herí con viento solano, con tizoncillo, y con granizo en toda la obra de vuestras manos; más no os convertisteis a Mí, dice Jehová”.

Por esta experiencia ejemplar esta escritura enseña que intentar ganar la vida mientras se descuida la obra del Señor, la pobreza más bien que la prosperidad será el destino de uno. Es, por lo tanto, absolutamente esencial que los creyentes de la verdad presente primero busquen el progreso del Reino de Dios y Su justicia si han de prosperar. (Mateo 6:28-34). Recordemos que si nos hallamos completamente del lado del Señor, dentro de su cerca de protección, como lo fue Job, no necesitamos temer nada, ni al diablo. 

Hageo 2:18, 19 – “Meditad, pues, en vuestro corazón desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento del templo de Jehová; meditad, pues, en vuestro corazón. ¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de la oliva han florecido todavía; más desde este día os bendeciré”. 

El tipo enseña que desde el día en que empezamos a hacer la obra, del Señor, desde ese mismo día el Señor nos bendecirá. 

Hageo 2:14 – “… Así es este pueblo, y esta gente, delante de mí dice Jehová; y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que aquí ofrecen es inmundo”. 

Este versículo muestra que si fallamos en lograr nuestro deber dado por Dios, luego no hay sustituto por ello. 

Tan pronto como fueron informados de los pecados de sus padres, y de los de ellos, nuestros tipos se conformaron gozosamente con los deseos del Señor. (Véase Hageo 1:5-11), del mismo modo nos bendecirá desde este día en adelante, si nosotros también reconocemos nuestros errores, y los corregimos.

 

Hageo 1:12-14 – “Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como lo había enviado Jehová su Dios; y temió el pueblo delante de Jehová. Entonces Hageo enviado de Jehová, habló por mandato de Jehová, al pueblo, diciendo: Yo soy con vosotros, dice Jehová. Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios”. 

Estos versículos nos dicen exactamente que tan pronto como el pueblo obedeció a los mensajeros de Dios, así pronto el Espíritu del Señor reavivó sus energías, y ellos inmediatamente fueron a trabajar. Nosotros también, tendremos la misma experiencia si estable­cemos en nuestras mentes que desde esta hora en adelante prestaremos estricta atención al mensaje de Dios y serviremos al Señor nuestro Dios con todo corazón y alma. No descartemos las bendiciones del Dios de nosotros. 

Hageo 2:20, 21 – “Y fue por segunda vez palabra de Jehová a Hageo, a los veinticuatro del mismo mes, diciendo: Habla a Zorobabel, gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra”. 

En vista del hecho de que el Señor está pronto para sacudir los cielos y la tierra, ¿no es imperativo el que nosotros cesemos de ser hipócritas? Dejemos de invitar la “sequía”, la “aridez”, y el “anublo” sobre nosotros mismos. En lugar de esto, rindamos nuestros corazones a Dios asegurando por este medio para nosotros, gozo, paz, felicidad y vida eterna. A menos que lo hagamos, ciertamente seremos zarandeados en lugar de ser reformados y reavivados.

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